Muchas veces las cosas que consideramos cotidianas o creemos comúnes pueden traer consigo intensas respuestas a nuestra vida, este es un pequeño experimento de género y sentimiento, a ver que les parece......disfrútenlo- Que tonta fui, ¿Cómo no le dije que me depositara?
- Me encantan los hoyuelos que se le hacen al niño, tan lindo, ¡Cómo te pareces a tu padre, al ingrato ese!
- ¿Que se cree, que no me di cuenta de sus aventuras?...bien me lo decía mi hermana “Ese hombre te hará sufrir”
- Hasta mi madre lloró cuando lo conoció…tan enferma la pobre!......
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- Ahora, hasta tarde llegas, bueno el niño ya se durmió.
Hola! Dijo él entrando por la puerta del departamento - ¿Qué hay de cenar?
- Cenar? Si tienes tres días de retrazo en el gasto ¿Quién te has creído?
- Bueno, ya sírveme lo que hay que para eso te doy tu gasto, o me voy!
Malhumorada ella le preparó unos frijolitos con chicharrón, cómo los de la abuela, un agua de limón, con los tres últimos que había en el refrigerador y un bistec que le había llevado su hermana horas antes, por si se ofrecía.
- el niño ya no tiene pañales.
- Ay mujer!, déjame comer en paz.
- Pero es que es tu hijo!!!…..
Él sacó su gasto y lo puso sobre la mesa, enfrente de ella para que lo dejara comer tranquilo.
- ¿Y cómo has estado? ¿Me extrañas?
- Tu hijo te extraña, lo siente.
- Ya vas a empezar con eso, que va a sentir, es sólo un bebé……
- No sé, lo siente, lo veo en su mirada, le importas!!!…..
- ¿Y tú?
- Yo estoy bien…….
- Te extraño, quería verte!
- Sí, claro, se nota ya no llamas….ya no sé donde andas…..
- Es verdad, te extraño, quería ver tu cara, tus ojos…..
- No sigas por favor, ya bastante tengo con cuidar a tu hijo.
- Nuestro hijo.
- Claro, se nota.
- No discutas mujer, te quiero!
Ella lo miró con la ilusión con la que siempre la inundaba aquel hombre, tan seductor, tan hermoso.
- Embustero, maldigo el día que me enamoré de ti.
Como dos imanes sus brazos se buscaron y sus bocas se unieron en un apasionado beso, esa llama obscura que siempre los iluminó se avivó de nuevo, por lo menos por ahora.
Sus manos buscaban y paseaban escrupulosamente por sus cuerpos, cada ves más desnudos.
- No, espérate, el niño se va a despertar.
- Pero soy tu esposo, te amo!!!!
Beso a beso, caricia a caricia sus cuerpos desnudos se movían hacia la recamara, con el niño en un lado, en su cuna.
Juntos cabalgaban a los jardines de hades, amándose, como dos novios enamorados; el niño dormía.
Después de una hora el frío inundó la habitación; él dormía, aquel hombre satisfecho; ella no podía hacerlo, estaba inquiera, despierta y llorando, con la mirada a la nada.
- Lo volví a hacer, maldita sea, me prometí ser fuerte esta ves.
Esas cejas pobladas y pestañas largas estaban húmedas por el sufrimiento de un alma débil, fétida y desesperada.
- Muero por un cigarro, los deje en la cocina.
Al caminar hacia su consuelo, el niño tosió, se movió inquieto, como si sintiera algo extraño; ella lo miró pero estaba demasiado ocupada en sus pensamientos, estaba perdida en el océano de su confusión.
Prendió un cigarro y sola, miró el techo y exhaló, más que humo parecía que su alma se iba por su boca.
Sacó sus píldoras del cajón de la cocina; se relajó y prendió otro cigarro sentándose en la sala, ligera, triste, abandonada y con un vacío en su corazón.
- Ya no puedo más, no sé que hacer, me trata como un objeto, no le importa que pienso y que siento.
- Soy una mujer olvidada en una ciudad que no conozco, sin mi gente, ¡quiero irme de aquí!
En eso se apareció un ser encapuchado que brillaba con una luz tenue y grisácea.
-¿Por qué me llamas?
-¿Quién eres?
- Caróntes!...
- Y, ¿qué haces aquí en mi casa?
- Me has llamado…
- Yo? No he dicho nada.
- Tu boca no, pero tu corazón hueco me grita constantemente ¿Qué quieres?
- Ya estoy harta, me siento sola, no puedo trabajar porque tengo un niño chico y mi esposo ya no me quiere…….creo que nunca lo hizo, ¡Estoy desesperada!
- ¿Y de verdad crees que yo puedo ayudarte?
- No sé….
-¿Y el niño?
- Que lo cuide su padre, que para eso está, que sienta lo que yo al estar sola….
-¿Y el niño?
- ¿Qué con él?
- ¿Qué con él y tú?
- No le haré falta, es muy pequeño, no me recordará.
-¿Eso crees?
-¿Qué quieres que haga? Estoy podrida, no sé ni si seré buena madre.
-Eso depende de ti.
Otra píldora de las rosas, esas la relajaban más.
-¿Y bien?
- Quiero irme contigo!
- ¿Eso es todo?
- Sí, ya no quiero pensar ni sufrir más
- Está bien, pero te costará
- ¿Qué quieres? No tengo nada!
- Sí, tu eternidad, aquella alma putrefacta que tu dices, yo también me siento solo.
- Pero me quiero ir!!
- A donde voy será lejos de aquí, de lo que conoces, a todos lados y al mismo destino, pero no aquí, ya no te juzgarán.
- No lo sé, sólo quiero dormir por ahora.
Torpemente y con tropiezos ella se levantó; él estaba dormido, ella miro al niño por un rato como hipnotizada, medio dormida, ella soltó una lagrima y le acarició la cabeza.
Al acostarse él se movió y la abrazó, irónicamente ahora ella se sentía peor, sentía la necesidad de esos brazos, pero también de salir huyendo. Entre sueños el hombre de la túnica la miró desde el baño.
-Ven, aquí estoy, te estoy esperando…
Una estela de oscuridad pasó sobre la cama hacia el baño, había una barca en la orilla de la tina que daba a un túnel que se había formado en la pared como una ilusión.
- Cuelga esto aquí!
- ¿Me cuidarás?
- Sí, ya no tendrás que temer.
- Sólo quiero llevarme la sonrisa de mi niño, le pidió ella sin pensar en las consecuencias para aquella criatura.
- Es tuya!!
Ella subió y al marcharse las medias que estaban amarradas en la regadera lentamente desprendía su cuerpo, mientras la barca se alejaba, tenue, como sus problemas, Caróntes junto a ella y la sonrisa del niño se desvanecían mientras la imagen de los problemas así como de la cueva desaparecían dejando una pequeña sombra en la pared, la cual nunca pudieron desmanchar.